Comenzando el dificil camino de la honestidad.

Estoy tan decepcionada con tantos acontecimientos ocurridos en los últimos tiempos en este pais llamado España, que no sé por cual decantarme en primer lugar. Quizás sea bueno comenzar por el último disparate de esta justicia nuestra tan incomprensible, como blanda y absurda.
Un niño violado brutalmente en Almeria por varios “compañeros” de escuela. La víctima, destrozado fisica y moralmente, y los autores inimputables. Parece algo que puede casi pasar desapercibido, pero después nos preguntaremos porque los niños y jovenes se vuelven tan despiadados. En primer lugar, cabría preguntarnos, quien y de que modo va a conseguir un ápice de justicia para ese niño agredido brutalmente, y de qué forma. De momento volvemos a un clásico español, pasarselo de uno a otro entre múltiples instituciones hasta que se enfríe el tema. Le deseo la mayor de las suertes a él y a su familia en la búsqueda de algo de paz tras éste suceso tan grave y doloroso.

En segundo lugar, y más peligroso, es el mensaje que se envía a los adolescentes de este país, donde de un plumazo se les trasmite una clara idea: “no importa lo que hagáis porque sois inimputables” y eso les abre un enorme abanico de delitos a cometer amparados por su edad, la cual es inmadura para delinquir, pero no para planificar de manera fría y calculada los mas terribles ataques bajo el amparo de una protección al menor que en realidad no los protege, sino que castiga a las víctimas y absuelve a los autores. El gobierno y las instituciones han dado un motivo muy poderoso para la preocupación general de todos los padres. Cuidado, porque aunque un niño sea lo suficientemente cruel como para agredir brutalmente a un niño, se le considera lo suficientemente pequeño como para dejarlo pasar. UNA VERGÜENZA QUE LLEVAMOS AÑOS AGUANTANDO. No hace falta precisar que éste es el último, pero desde luego no el único caso de ineficacia legal, véase Marta del Castillo, Sandra Palo, un violador de 14 años (hace apenas dos días) que agredió a dos mujeres, el (ahora más que mediático) asesino de la Catana y una interminable lista de pequeños monstruos amparados bajo la ley del menor, el escudo perfecto ante su crueldad… ¿De verdad se puede considerar justo este trato? PARA MÍ NO. Un saludo.

Anna Lafont.

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