LA GUERRA PERDIDA DE UNA BATALLA GANADA

tallado_artesanal

He de reconocer que me fascina por completo cada una de las personas que tienen un don y son capaces de vivir, o malvivir a veces, por llevar a cabo su gran pasión. Me da igual el campo en el que se desarrollen: música, literatura, cine, arquitectura u otras mil. Pero lo que verdaderamente me maravilla son los artesanos, aquellos que con sus propias manos son capaces de crear piezas únicas que resplandecer por el sudor y el esfuerzo depositadas en ellas. Da igual que sea un mueble, un vino, un vestido… y otras miles de creaciones, porque lo que de verdad las hace únicas es el contacto humano que reciben, los mimos con los que han sido creados. Hay oficios, por desgracia, que prácticamente han desaparecido, porque millones de insípidas máquinas han reemplazado a millones de personas de sus puestos de trabajo, de sus pasiones, de sus sueños. No se puede negar que la tecnología nos ha abierto puertas increíbles dentro de la medicina, las comunicaciones u otros aspectos, pero a deshumanizado cada uno de nuestros pasos. Lo que en un principio fue el mayor percusor de la humanidad y dio paso a la formación de las civilizaciones (elaboración de utensilios, armas para caza, la rueda para desplazarse…) hoy sirve para desligarnos de todos nuestros semejantes y crear una pobreza no solo económica sino también espiritual. Nos hemos convertido en ovejas de un sistema elaborado para crear un mundo sin personalidad, donde las máquinas sacan miles de copias de un mismo producto que al final no refleja ninguna personalidad, pero que sale rentable a las grandes empresas. Las mismas que han sustituido de manera demencial la presencia de las personas en las fábricas, las que han roto y destrozado los viejos oficios que tan especiales nos volvían. Como siempre, la causa sin duda es el dinero, como siempre. Pero es que cada vez tenemos menos dinero, porque nuestro trabajo lo hacen máquinas que no cobran nada. Nosotros mismos nos hemos convertido en una simple fotocopia de los grandes percusores de la sociedad y el trabajo como dignificación de los seres humanos, así sin importarnos. Dependemos de miles de aparatos electrónicos para “sobrevivir”, dejamos de hablar con nuestros vecinos porque tenemos el móvil y sus funciones absurdas muchas veces. Los niños apenas salen al parque, a saltar y correr, porque desde muy pequeños tiene un ordenador que les enseña cosas para las que quizá no estén preparados. Eso sí, creemos a pies juntillas que somos muy civilizados, sin pensar siquiera en la ruptura que hemos creado con el mundo real, con las sensaciones. Nos hemos creado la falsa idea que podemos socializar tras la pantalla de un ordenador, pero no es cierto. Tan solo nos comunicamos, pero no podemos ver el brillo de los ojos de nuestro interlocutor, su pena o alegría, el gesto de sus manos… eso no es avanzar en absoluto.

Gracias.

Anna Lafont.

4 comentarios en “LA GUERRA PERDIDA DE UNA BATALLA GANADA

  1. La comunicación solo se produce cuando ambas partes tienen intención comunicativa. Con los ordenadores, únicamente hay “uso”, movimiento de información.
    Como en cualquier arte o acción comunicativa, la artesanía tampoco se entiende si la “otra” parte no tiene la intención de “entender”, valga la redundancia, todo lo que el artesano dice con sus manos.

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